La Experiencia de Mery Buda

Tatuajes, cómic y Música por María Bustamante Tejeda

Introducción

Bio: Hilo conductor del trabajo, narraciones de las vivencias por Mery Buda

Lo que una banda puede ser

Una banda, es una especia de pareja en la modernidad. Una hermandad.
¿por qué?
porque es un trabajo que se hace a sabiendas de que no se te pagará, de que probablemente no te retribuirá económicamente
jamás…
Entonces lo haces por la única razón de tu deseo.
¿Deseo de qué? preguntarán algunos.

El mío muy particular era de pisar los escenarios del rockanrol y ser capaz de tocar fluidamente sobre ellos.
Hay quienes desean otras cosas al formar una banda. Yo tenía principalmente la ambición que menciono el día que
decidimos fundar Las izquierdas Andrés, Gabo y yo.

Una banda juega un papel muy loco en las relaciones sociales. Primero se construye ensayo a ensayo. Repite pedacitos
de canciones miles de veces, les mete detalles musicales, detalles en las letras, pule los momentos de cada canción.
Ya una vez armada, sale. Sale a donde la invitan a tocar. Son fiestas, principalmente. Sale a amenizar las fiestas de
sus amigos.
Entonces la banda empieza a hacer más amigos. Los miembros empiezan a conocer la íntima vida y tejido social de los
demás miembros. Porque cada uno se convierte en un anuncio ambulante de la chamba que está haciendo con este grupo
de personas.
Al menos así pasó con Las izquierdas.
La cohesión de la banda se mantuvo principalmente por la fuerte atracción que sentíamos los tres miembros por la compañía
de los otros dos. Y porque sospechábamos que cada uno tenía infinitas cosas que aportar a un proyecto artístico rockanrolero
musical. Nos conocíamos previamente, y sospechábamos que las emociones, vivencias y sueños de los tres serían suficientes
para llenar de contenido lo que hiciéramos… canciones primero, toquines luego, bailes luego, productos visuales luego,
audiovisuales más adelante.

Espero poder escribir de forma desapegada sobre este proyecto de Las izquierdas, de forma que pueda lograr una tesis al
respecto. Cuando escribo lo hago desde un lugar maravillado de mi interior. Donde ver las fotografías, escuchar el
disco, observar los videos, me sigue pareciendo un logro gigante y me sigue causando demasiado orgullo personal como
para hablar de Las izquierdas desde una lugar más académico.
Es decir, mencionar quizás las connotaciones sociales que acarrea tener un grupo musical como éste. O hablar de Las izquierdas
contextualizándolas en una especie de vanguardia artística o género del performance. O quizás hablar incluso de las
fallas y omisiones que se hicieron en la trayectoria de la banda, o las irresposabilidades conceptuales e históricas
que tuvimos al hacer o decir ciertas cosas y acciones.
¿Cómo se desapega un creador de sus realizaciones cuando le funcionan tal cual las soñó, o incluso mejor?
¿Cómo se separa un creador del tiempo, espacio, recuerdo, sensación y amor que depositó en su obra colectiva?

¿Será posible ser crítico a los actos propios? ¿Será posible autolegitimar el trabajo hecho si todavía se halla uno envuelto
en el aura sagrada de la obra? ¿Cómo verse con los ojos que usó el público? ¿Cómo saber si realmente se contribuyó en
la transformación de los habitantes de la ciudad que acompañaron a Las izquierdas en rituales que los transformaron profundamente
a ellos?

Yo no estoy segura todavía de cómo es que voy a lograr escribir esta tesis. No puedo distinguir entre mi vanidad y lo
histórico del trabajo que hicimos mis compañeros Andrés Acosta, Gabriel Juárez y yo. Amo ver las fotos producto de cada
toquín y actividad que compartimos. Las veo, vuelvo a ver y siento un placer muy grande. Que creo que hasta ahora me
continúa cegando porque lo encuentro muy luminoso. Tanto que no lo creo.

He sido rockanrolera desde los 10 años tal vez…

 

Esta tesis es un cuento. Es una historia sobre una parte muy importante y decisiva en la vida de Mery Buda, la autora de la tesis. Es sobre el momento y desarrollo de su primer proyecto musical serio Las izquierdas.

 

Durante el 2012, Mery se hallaba inscrita en la FAD. Llevando uno que otro taller, una que otra materia teórica.

Paralelamente, llevaba una relación de novios con Andrés, a quien a lo largo de esta tesis llamaremos El Panzón Anónimo. Él había sido músico durante muchos años. Mery lo conoció intentando participar en un proyecto suyo, Andy Mountains, como bajista.

Esa aproximación de Mery Buda a la música no había sido fructuosa, al igual que no lo fue Dragster durante la prepa (en la que ella era vocalista) o el proyecto de tocar en cafés acompañada de una guitarra de otra conocida durante la secuandaria.

A mediados de abril de 2012, El panzón anónimo decidió prestarle un bombo a Mery, para que lo guardara y usara en su casa. Entonces ella empezó a pensar en baquetas y en números rítmicos. “El bombo color vino de Andrés lleva unos días aquí en mi cuarto; de alguna manera siento que le va muy bien. Tiene un pedal y me exige la dureza, rapidez y concentración de mi pierna, creo que no está de más” (2012, 21 de abril. Diario de Mery), escribió ella en su diario.

Ella se encontraba en un momento algo crítico de su vida, en el que no estaba muy segura de querer continuar haciendo fotografías casi pornográficas parar ganarse su dinero. “Ayer domingo tuve una sesión de fotos casi pornográficas y me confundió un poco. 1- Me da miedo que me hagan algo porque tienen mi dirección. 2- Dudo si lo volveré a hacer si ellos me vuelven a llamar… Firmé un estúpido contrato y ni en sus nombres me fijé, aparte de que copia no me dieron. Tengo $2000 por eso y se sienten como nada… Estoy confundida porque no sé si me gustó o lo odié” (2012, 23 de abril. Diario de Mery). Tatuaba poco y eso a veces le proporcionaba unos pesitos. Pero su proyecto de vida no parecía estar tomando ningún rumbo.

Al Gabo lo había tatuado más o menos un año atrás en mayo de 2011. “Vengo de tatuar a uno de los amigos con los que toca Andrés… fue muy difícil el tatuaje de hoy. Me puse demasiado nerviosa y creí que algo horrible iba a quedar. Al final no fue tan feo… me gustaría verlo ya sano” (2011, 2 de mayo. Diario de Mery). Eso fue exactamente un año antes de formar la banda.

Mery estuvo más o menos un mes experimentando con la batería antes de formar Las izquierdas, “Estoy llena de canales de actividad y conoeimiento. De la batería llevo poco pero siento que es perfecta para usar una violencia que tengo y a la vez afinar mi pensamiento y habilidad de estar en el momento. Por otro lado están las artes visuales, en las que me muevo y sigo intentando, aunque con una cierta lentitud. El ritmo corresponde a toda actividad” (2012, 2 de mayo. Diario de Mery)

Y así sucedió: “Después de ver un debate con los candidatos a la presidencia del país en este año. Hoy parece ser un día importante, tocamos Andrés, Gabo y yo en el cuarto, yo en la batería. Y fue bastante disfrutable, hasta sudé” (2012, domingo 6 de mayo. Diario de Mery).

En ese tiempo Mery se hallaba terminando un semestre de la ENAP, en el que había tocado fondo en la inactividad. Pasaba algunas horas del día registrando en dibujo patrones de tela, y la otra haciendo uno que otro grabado en metal. Sobre temas muy sueltos. Unos sobre sus amigos Elena, Diego y Jimi Hendrix, otros sobre algunos paisajes melancólicos y texturas de telas.

Esta historia- tesis es el cuento a detalle de la transformación de una carrera universitaria de Artes Visuales, a la vida profesional de músico. Claramente cargando y utilizando todo el bagage de las artes visuales.

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