La Experiencia de Mery Buda

Tatuajes, cómic y Música por María Bustamante Tejeda

Garcés, Marina. La honestidad con lo real

Garcés, M. (2011) La honestidad con lo real. En El arte en cuestión, Sala Parpalló, València. En: [https://laescenaencurso.files.wordpress.com/2015/01/la_honestidad_con_lo_real.pdf]

 

La honestidad con lo real es la virtud que define la fuerza material de un arte implicado en los problemas de un tiempo y de un mundo que compartimos. Como vamos a ver, la honestidad con lo real no se define por sus temas, por sus procesos ni por sus lugares, sino por la fuerza de su implicación y por sus anhelos: un anhelo de verdad, un anhelo de nosotros y un anhelo de mundo.(Garcés:2011)

La perspectiva de la honestidad introduce una nueva pregunta: ¿cómo tratamos la realidad y con la realidad? Hay modos de representar, modos de intervenir y modos de tratar. En el trato no se juega simplemente la acción de un sujeto sobre un objeto, medible a partir de una causa y unos efectos. En el trato hay un modo de estar, de percibir, de sostener, de tener entre manos, de situarse uno mismo… El trato no se decide en la acción, incluso puede no haberla. El trato es un posicionamiento y a la vez una entrega que modifica a todas las partes en juego. (Garcés:2011)

Desde ahí, la honestidad no es la virtud de un código moral que un sujeto ajeno al mundo puede aplicarse a sí mismo sin atender a lo que le rodea. Desde ahí, no hay “un hombre honesto” capaz de convivir, más allá de su honestidad, con la hipocresía y con la barbarie de su entorno. La honestidad es a la vez una afección y una fuerza que atraviesan cuerpo y conciencia para inscribirlos, bajo una posición, en la realidad. Por eso la honradez, de alguna manera, siempre es violenta y ejerce una violencia. Esta violencia circula en una doble dirección: hacia uno mismo y hacia lo real. Hacia uno mismo, porque implica  dejarse afectar y hacia lo real porque implica entrar en escena. (Garcés:2011)

Dejarse afectar no tiene nada que ver con el interés, puede ir incluso en contra del propio interés. No hay nada más doloroso que escuchar a un artista o a   un   académico   presentando   sus   “temas”,   siempre   con   la   apostilla:   “me interesa…” “estoy interesado en…” los suburbios, por ejemplo. ¿Cómo le pueden interesar a uno los suburbios? O le conciernen o no le conciernen, o le afectan o no le afectan. Ser afectado es aprender a escuchar acogiendo y transformándose, rompiendo algo de uno mismo y recomponiéndose con alianzas nuevas. (Garcés:2011)

“La primera violencia de la honestidad con lo real es, por tanto, la que debemos hacernos a nosotros mismos rompiendo nuestro cerco de inmunidad y de neutralización.  Eso pasa por dejar de hacer del mundo un campo distanciado de intereses y convertirlo en un campo de batalla en el que nosotros mismos, nuestra identidad y nuestras seguridades, resultaremos los primeros afectados.

Por eso tratar con la realidad honestamente significa también entrar en escena.” (Garcés:2011)

 

Ser honesto con lo real, por tanto, no es   mantenerse   fiel   a   los   propios   principios.   Es   exponerse   e   implicarse. (Garcés:2011)

Participar es no implicarse. Ésta es la base sobre la que está organizado todo el sistema de representación política. Pero lo mismo ocurre, de manera más sutil y engañosa, en la esfera cultural, desde el ocio   masivo   hasta   las   formas   más   elitistas,   alternativas   y minoritarias   de creación artística. En todos los casos se nos ofrecen tiempos y espacios para la elección y la participación que anulan nuestra posibilidad de implicación y que nos ofrecen un lugar a cada uno que no altere el mapa general de la realidad.
Como   electores,   como   consumidores,   como   público   incluso   interactivo…   la creatividad (social, artística, etc) es lo que se muestra, se exhibe y se vende, no lo que se propone. Lo que se nos ofrece así es un mapa de opciones, no de posiciones. Un mapa de posibles con las coordenadas ya fijadas. Tratar lo real con honestidad significa entrar en escena no para participar de ella y escoger alguno de sus posibles, sino para tomar posición y violentar, junto a otros, la validez de sus coordenadas.(Garcés:2011)

¿Significa esto que ya no hay espacio para la crítica? Todo lo contrario. Significa que hay que ser más exigente y más honesto. Que no nos
corresponde ya comprometernos con las causas del mundo sino implicarnos en él. (Garcés:2011)

“hay que dejarse afectar para poder entrar en escena. Hay que abandonar las seguridades de una mirada frontal para entrar en un combate
en el que no vemos todos los frentes 8 . Este combate no se decide a voluntad propia ni, como decíamos antes, según el propio interés. Es a la vez una decisión y   un   descubrimiento:   implicarse   es   descubrirse   implicado.” (Garcés:2011)

” Implicarse   es retomar “la situación para hacerla tangible”  y, por tanto, transformable. Antes que transformar la realidad hay que hacerla transformable. ” (Garcés:2011)

 

 

 

 

 

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