La Experiencia de Mery Buda

Tatuajes, cómic y Música por María Bustamante Tejeda

Sandblom, Philip. Enfermedad y creación

Sandblom, P. (1995). Enfermedad y creación: cómo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la música. México: Fondo de cultura económica.

… hay razón para creer que las conexiones entre la enfermedad y el arte son muy cercanas y comunes. Cuando se alentó a algunos pacientes tuberculosos a que usaran la pintura como terapia ocupacional, se descubrió que podía seguirse el curso de la enfermedad con extraordinaria exactitud en los cuadros que pintaban: “La aprensión y el abatimiento anteriores a la hemoptisis o a la cirugía , la tristeza y la apatía que aparecen después de estas operaciones, la frescura y la alegría durante la convalecencia: todo esto aparece en las pinturas como si fueran anotadas en un diario.” (Sandblom:1995;19)

Un estudio sobre la relación que existe entre el sufrimiento y las obras de los artistas que han estado gravemente enfermos aumentaría nuestra comprensión de su arte. No estoy de acuerdo con los críticos que proclaman que lo único digno de nuestro vivo interés es la obra en sí, y que los antecedentes personales de los creadores no pasan de ser simplemente anecdóticos. (Sandblom:1995;19)

“la música tiene el encanto que aplaca al corazón indómito”. Pero también puede excitar, y su efecto se puede medir en los cambios que provoca en el pulso y en la presión arterial. Esto puede tener serias consecuencias: se dice que no menos de tres directores de orquesta se han desplomado al dirigir un pasaje determinado de Tristán e Isolda, de Wagner, y a Von Karajan tuvieron que regresarlo a su casa en ambulancia la primera vez que dirigió esta ópera.

¿Y qué hay de la literatura y la pintura? ¿Acaso existen ejemplos similares de los efectos físicos que tienen sus creaciones?

Difícilmente en la literatura -no se sabe de ningún lector que se haya desmayado en su silla del éxtasis suscitado por un hermoso pasaje; y si, en una situación más equiparable, el actor interrumpe de pronto su monólogo, es más probable que haya olvidado su parlamento y no que se sienta emocionalmente transtornado por la belleza de un verso de Shakespeare. (Sandblom:1995;20)

A este respecto, la pintura va un paso más adelante de la literatura. En el nivel más bajo, el de la pornografía, las almas simples parecen obtener mayores satisfacciones de las pinturas obcenas que de las descripciones escritas en episodios eróticos. En el nivel más alto, el arte sacro ha demostrado tener un poder igual al de la música; al estado físico que produce se le ha dado un nombre especial, el síndrome de Stendhal. (Sandblom:1995;21)

Para explicar las diferencias en la calidad expresiva de la pintura y de la escritura, recordemos que cuando el inquieto escritor sueco August Strindberg se sentía alterado y carecía de la tranquilidad necesaria para continuar con su obra literaria, se dedicaca a la pintura, en la que encontró una manera más fácil de expresar sus sentimientos tormentosos. (Sandblom:1995;21)

Durante varios años de incursiones por los terrenos del arte, he podido encontrar ejemplos de artistas, escritores y compositores en cuya obra he percibido lazos muy convincentes entre su enfermedad y su actividad creadora, comparando, en el caso de cada enfermedad, su efecto sobre las diversas formas artísticas. Le he dado atención especial a los casos en que los propios creadores han tratado de explicar esta relación; aun si no son los que más saben, por lo menos debe oírse su opinión. (Sandblom:1995;23)

La lista que he elaborado no pretende ser un catálogo completo del dolor humano en el arte -eso, desde luego, sería una tarea imposible- sino más bien un collage proveniente de diversas fuentes, una rapsodia subjetiva en negro, iluminada ocasionalmente por la fortaleza y la alegría creadora de los grandes artistas. (Sandblom:1995;23)

Nietzsche nos dejó una opinión cínica acerca del sufrimiento al hacer notar que el hecho de de experimentar un placer malicioso en la desgracia de los demás es complemento normal del carácter humano. Es más amable la opinión de Goethe , en el sentido de que “nuestro propio dolor nos enseña a compartir los sufrimientos de las demás criaturas”; sólo por medio del sufrimiento y del dolor nos podemos identificar con ellas: la felicidad puede ser incomprensible, pero el dolor se comprende fácilmente. (Sandblom:1995;24)

A lo largo del tiempo, muchos hombres sabios se han tornado humildes al verse azotados por la enfermedad y por la situación precaria propia de quienes habitan un mundo azaroso. Hallamos a varios de ellos en el Renacimiento. Uno es Robert Burton, quien en Anatomía de la melancolía (1621) considera que “la enfermedad, los achaques, transtornan a muchos, pero sin razón. Quizá pudiera ser por el bien de sus almas […] la carne se rebela contra el espíritu; lo que daña a la una, necesariamente ayuda al otro. La enfermedad es la madre de la modestia, nos recuerda que somos mortales; y al encontrarnos en medio de la pompa y la alegría de este mundo, nos da un tirón de orejas para que nos conozcamos a nosotros mismos. (Sandblom:1995;25)

Con su convicción de que la enfermedad pierde su significado si no creemos que nos es enviada por un Padre Celestial, Pascal presagia la Ilustración. La gente empezó seriamente “a atreverse a saber”, y cada vez creía y esperaba menos que la enfermedad tuviera un oculto significado; a Pascal le horrorizaba el concepto de un universo infinito. El sufrimiento fue despojado de su aura religiosa; la enfermedad y la muerte vinieron a considerarse como acontecimientos naturales, y se desarrolló la medicina como el mejor medio, según Descartes, de “mejorar la salud, alargar la vida y evitar los achaques de la ancianidad”. (Sandblom:1995;26)

En la versión de Gide, Filoctetes añade: “He aprendido a expresarme mejor ahora que ya no estoy con los hombres, y me he dedicado a narrar la historia de mis sufrimientos, y cuando mis frases son hermosas siento gran consuelo; a veces hasta me olvido de mi tristeza al darle expresión.” (Sandblom:1995;27)

Fiel a su naturaleza, Shopenhauer encuentra un valor positivo en el dolor por la intensidad de la sensación que produce, y le atribuye un valor negativo al bienestar, al que supone tedioso y sesceptible de convertirse en aburrimiento… observa que por lo general experimentamos el dolor más allá de nuestras aprensiones, y el placer más acá de nuestras expectativas. (Sandblom:1995;28)

Mis estudios sobre la vida de los artistas me han llevado a la conclusión de que muchos de ellos fueron influidos por la enfermedad, por lo que comprendo la idea de Kretschmer de que los individuos sanos y con vidas armoniosas suelen carecer del acicate que incita a “los demoniacos” a llegar a las alturas de genio. (Sandblom:1995;29)

Un ejemplo de estos últimos serúa Lord Byron, quien encontró cierto consuelo en su invalidez, un pier deforme, al señalar que “la adicción a la poesía es generalmente el resultado de una mente inquieta en un cuerpo incómodo…” (Sandblom:1995;30)

A fines del siglo pasado, Henri Matisse era ya abogado cuando una efermedad cambió el rumbo de su vida. Se enfermó de apendicitis y, por las complicaciones que se presentaron, ¡tuvo que abandonar su trabajo durante casi un año! Empezó a pintar para divertirse y le encantó: “…Me obsesioné con la pintura y ya no pude dejarla.” Si Matisse hubiera vivido en esta época, en la que la apendicitis se opera y se cura en una semana, bien podría haberse convertido en un prominente jurisconsulto en lugar de un pionero de la pintura moderna. (Sandblom:1995;35)

Posteriormente, Matisse demostró que una enfermedad grave puede dejar profundas huellas… se le hizo una molestísima hernia en la cicatriz, que lo confinó al lecho durante la mayor parte de los 13 años que le quedaban.

Yo sostuve una conversación con él años más tarde, mientas estaba en cama con un gato a sus pies, e indicaba con una varilla cómo debían pegarse sus grandes recortes en la tela. Me explicó la manera en que la enfermedad había alterado su actitud ante la vida y hacia el arte. Quería llenar los años de vida que le quedaran con toda la felicidad posible. Durante sus primeros años, a fuerza de mucho esfuerzo y grandes dolores, a menudo había incursionado en nuevos caminos por el arte moderno; ahora deseaba darse el gusto de recorrer esos caminos nuevamente con corazón ligero y sin ningún esfuerzo. Su estado mental se refleja en sus cuadros. En muchas de sus primeras obras queda plasmada su lucha con los nuevos problemas, mientas que en sus últimas obras se adivina un aire feliz de tranquilidad y reposo. El mismo Matisse estaba tan convencido de la benéfica irradiación de sus colores y de su poder curativo que colgó sus cuadros alrededor de las camas de sus amigos enfermos. (Sandblom:1995;35)

 

Características sobresalientes de la personalidad creadora

…la proporción de individuos con una constitución mental limítrofe es muy alta entre los grandes artistas. Según Aristóteles, todos los artistas importantes han padecido de melancolía, un estado de ánimo que, en circunstancias favorables, puede inspirar obras extraordinarias… Las personas con rasgos maniacodepresivos atraviesan durante las fases maniacas por periodos creativos que desaparecen cuando están deprimidas. (Sandblom:1995;37)

Handel compuso El Mesías en tres agotadoras semanas. Su estado maniaco le proporcionó el poder y la necesidad de crear: “Me parecía ver todo el cielo delante de mí, y hasta al mismo Dios.” (Sandblom:1995;37)

La actividad creadora puede ayudar a los individuos talentosos a resolver los inevitables conflictos y tensiones de la vida. Heinrich Heine lo expresa poéticamente:

Si mi mal pudo ser la causa primera de mi impulso creativo, mi creación purgó mi organismo, cuando recobré salud y juicio (Sandblom:1995;37)

Graham Greene pondera: “Escribir es una forma de terapia; a veces me pregunto cómo logran escapar de la locura, de la melancolía y el pánico, que son estados propios de la condición humana, los que no escriben, ni componen ni pintan.” Greene menciona los síntomas típicos de los dos temperamentos psicopatológicos que predominan entre los individuos creadores: la melancolía del maniacodepresivo y el pánico del esquizoide. (Sandblom:1995;37)

Los artistas tienen, sobre todo, una gran necesidad de buscar nuevos y particulares medios de expresión, vías de comunicación con aquellos congéneres que sepan apreciar sus nuevas creaciones y compartan sus más profundos sentimientos: “nuestra tremenda necesidad de establecer contactos”, según las palabras de Katherine Mansfield. Esta necesidad que tienen de entregar su mensaje a veces se canaliza de modo verdaderamente patético. Uno de los más grandes pintores suecos, Carl Hill, que estaba confinado en sus habitaciones por una enfermedad mental, arrojaba sus dibujos por las ventanas a la gente que pasaba. (Sandblom:1995;40)

El verdadero artista debe ser pionero y correr el riesgo de convertirse en un innovador sin seguidores ni admiradores. Algunos artistas pueden sentirse totalmente aplastados por la indiferencia y dejar el arte; otros, mentalmente más fuertes, como Cézanne, seguirán con terquedad su solitario camino, lejos del mundanal ruido. Gibbon decía que “la soledad es la escuela del genio”. (Sandblom:1995;41)

No deja de ser interesante que esta situación pueda resultar desastrosa si de pronto el artista obtiene la aclamación del público. Mark Rothko consideró intolerable su repentino éxito después de años de luchar para encontrar su estilo propio. Con el típico autodesprecio de los melancólicos, temía que lo estuvieran sobrevalorando, o por lo menos, malinterpretando y cayó en la depresión y la paranoia, para las cuales, como siempre, el alcohol demostró ser un mal remedio; sólo el suicidio le dio el descanso anhelado. Pudo luchar contra la adversidad pero no contra el éxito. (Sandblom:1995;41)

No le ayudaba mucho para este fin su epilepsia, que era de la rara especie que causa una dificultad frustrante y casi insoportable para encontrar las palabras adecuadas. A esto se debe que las tachaduras en sus manuscritos sean más numerosas que el total de las palabras del texto final.

El éxito que obtuvo Faubert al contender con su problema es una hermosa demostración de que la cima de la realización artística, la habilidad para manejar las palabras, la pintura o las notas sin esfuerzo apartente, a veces la alcanzan aquellos que más dificultades  han tenido para dominar la técnica, o que han estado limitados por alguna enfermedad incapacitante. (Sandblom:1995;41)

Melville tuvo que dejarlo definitivamente. Fue de esos autores que dependen completamente de sus experiencias personales para construir su ficción, por lo que corren el riesgo de agotar su material. Cuando llegó a la cúspide de sus narraciones marinas con Moby Dick, Melville ua había agotado gran parte de su capital artístico: sus años en el mar. (Sandblom:1995;44)

 

Capítulo Estimulación artificial de la creatividad

Los poetas, pintores y compositores emplean el alcohol por la misma razón que nosotros, para estimular nuestros pensamientos, sentimientos, relajar la mente y eliminar las inhibiciones que impiden dar rienda suelta a su fantasía e imaginación (pag 47)

Además del acohol en el siglo XIX se recurría generalmente al opio, tanto para estimular la capacidad creadora como para olvidar dificultades externas o los conflictos internos (Coleridge, Keats, DeQuincey, Jean Cocteau) (pag 55)

hachís, mescalina (mescalina está en el peyote)

 

Las enfermedades mentales

La epilepsia desempeñó un papel muy importante en la obra de un gran pintor. Durante los años más fructíferos de Vincent van Gogh, que fueron los últimos, su capacidad creadora estuvo influenciada y fue liberada por un extraño tipo de epilepsia con crisis de terrible ansiedad, confusión y agresividad, que a veces se suscitaban o aumentaban al intoxicarse con ajenjo. En una ocasión, después de tratar de matar a su amigo Gauguin durante un episodio delirante, se cortó la oreja para regalársela a una prostituta. En uno de sus autorretratos aparece con una venda en la cabeza como resultado de ese arrebato.

Entre una y otra crisis, Van Gogh padecía de lo que se ha dado en llamar hipergrafía, que es una actividad artística exuberante y compulsiva. ¡Es a este síntoma de su enfermedad al que le debemos la inconcebible cantidad de cuadros brillantes que pintó, algunos de ellos terminados en un solo día! Él mismo se daba cuenta de que algo le estaba pasando. “Trabajo como poseído, más que nunca, en un silencioso frenesí. Lucho con todas mis fuerzas para dominar mi arte, y me digo que el éxito sería el mejor medicamento para mi enfermedad…” (Sandblom:1995;87)

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