Tesis sobre Las izquierdas día 14

LA TROMPETA

«… soy Gabo Salvaje, toco la trompeta, la armónica, canto, grito, hago pole dance, también hago algunas ilustraciones, el diseño de las cosas, de carteles, del disco, ¿qué más? Ah pues también ayudo siempre, bueno es que todos hacemos de todo en esta banda, ¿no?, como al parecer se debe de hacer.» (Fragmento del show de televisión Cero Decibeles 10 de junio 2015)

Gabo tenía 27 años de edad cuando Las izquierdas empezaron a tocar. Su aporte en la instrumentación era la trompeta, las armónicas y la voz. Con el lujo de su trompeta nos hacía brillar, ya que sacaba sonidos tan contundentes que cambiaban por completo los lugares a la vez que captaban la atención de los oyentes en canciones como «Mallory Knox» y «Maratón Chafarama con Las izquierdas». Con su armónica, sin embargo, arrojaba sutilmente las notas más sensibles y expresivas durante otras tantas como «Ese es el PRI» y «No tengo tiempo de cambiar mi vida». Con su voz guiaba la mayoría de las canciones, atacándolas a veces con gritos y a veces con risas y murmullos que venían de la plena improvisación.

El superpoder de Gabo era el peso de su presencia escénica, al igual que el alto valor de su amistad, de tenerlo como aliado. Quizás eso era en parte porque había elegido un camino artístico que difería tanto de lo que su familia le había enseñado, que su voluntad era de un reflejo puro y poderoso.

Gabo era lo que se conoce como un músico lírico, es decir que para él, el conocimiento de la escritura y teoría no eran un requisito para saber dónde insertar la música, los sonidos. Sus ganas de conocer todo género, su natural sentido del ritmo y su amor por la música, sumado a la experiencia de años con su instrumento, era lo que lo guiaba.

De adolescente, había empezado a pimponear música con un amigo suyo de la secundaria que se había hecho de unas congas. Gabo consiguió una trompeta y se juntaban a sacar canciones de ska que les gustaban. Quizás eso explica las fuertes raíces de la música para él en contexto de la amistad. Alguna vez lo escuché decir que a él no le gustaba ensayar solo en su casa, que no le encontraba sentido. Su forma de componer las canciones en Las izquierdas era totalmente de las entrañas, aceptaba o rechaza ideas rápidamente, y cuando realmente sentía fluir alguna que le hubiera enganchado, sugería los textos más chistosos y ocurrentes, diviertiéndose con juegos lingüísticos y expresiones ultra-locales que nos hacían estallar de risa.

Quisiera ahora descifrar qué es lo que yo encuentro tan poderoso en el modo de hacer de este artista, poniendo en palabras algunos rasgos que se me contagiaron al trabajar a su lado:

 

1. Ventajas y desventajas de comprometerse

Empezaré describiendo el mito fundacional de Las izquierdas: Andrés, Gabo y Mery (yo) habían empezado a pasar mucho tiempo juntos. Uno diría que empezaban a transitar en las calidades de un trío amoroso. Un día de abril del 2012 Andrés y Mery invitaron a Gabo a patinar a CU. La travesía, adornada con caídas, cansancio, recuperaciones y demás, los condujo luego de varios puntos de la ciudad, a tomar rumbo hacia Tultepec. Ahí pasaron la noche cantando karaoke y conviviendo con ‘Alita la Princesita’ y ‘Elena de Troya’. Y así, sin previos planes, permanecieron juntos un par de días extra de lo que habían calculado. Viéndose implicados en tal comunicación, los tres sintieron que tenían la disposición suficiente de pasar largos tiempos con los otros. Esto, sumado a la necesidad de una actividad que los ocupara al estar juntos, los llevó a preguntarse, en el Tren Suburbano, de regreso a la Ciudad… «¿Por qué no hacemos una banda? Pongámosle Las izquierdas»

En su texto ‘El crepúsculo de los ídolos’, Nietzsche lanza esta pregunta en el año de 1888:

«¿Es el arte la consecuencia de la insatisfacción por la realidad? ¿O una expresión del reconocimiento por la felicidad gozada?» (Nietzsche:1888)

Y quizás él mismo se contesta en otra parte:

«…hay que excitar toda la máquina para que pueda comenzar el camino del arte. La plenitud, el exceso de fuerza, se encuentra en la base de todo arte» (Nietzsche:1888)

Me gusta examinar el fenómeno con esos ojos. Me gusta pensar que el arte implica una especie de violencia contra la realidad. Pero una violencia que viene de una plenitud, de una fuerza contenida. ¿Por qué? Porque es un mensaje más poderoso, más enérgico que la queja, que el lamento y que la lástima. 

La filósofa contemporánea Marina Garcés habla en su texto ‘Un mundo común’, acerca de lo que es ‘entrar en escena’. No está hablando necesariamente de las artes, sino del vivir mismo, el mismo performar de la vida:

«…tratar con la realidad honestamente significa también entrar en escena. Lo decía un dibujante: ‘No soy objetivo, sólo pretendo ser honesto. Por eso entro en escena…’. La imagen es literal, puesto que él mismo se incluye en sus viñetas. No son lo que sus ojos ven, son fragmentos del mundo en los que él mismo está implicado. Ser honesto con lo real, por tanto, no es manterse fiel a los propios principios. Es exponerse e implicarse. Exponerse e implicarse son formas de violentar la realidad que los cauces democráticos de la participación y la libertad de elección neutralizan constantemente en todos los ámbitos de la vida social.» (Garcés:Un mundo común)

En la mayoría de sus textos, ella ve que la solución de muchos de nuestros problemas actuales radica en la decisión de comprometerse: soltar las ideas de que solos e indivduales estamos muy bien, cuestionar ese punto, dejar que entren los otros y entonces realmente implicarnos con la existencia.

Yvon Le Bot, contándonos la historia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, comenta a propósito del subcomandante Marcos:

«…la aportación de Marcos ha consistido en haberse dejado impregnar por la experiencia y el imaginario de los indígenas, en haber encontrado las palabras para transmitirlos, en haber hecho polvo, golpeando justo en el centro, todos los falsos lenguajes: los de las guerrillas marxistas-leninistas, que antes eran los suyos…, el de la Revolución Mexicana institucionalizada y sus estereotipos indigenistas: ora arcaicos y sumisos, ora glorificados y transformados en piezas de museo o mero folclore. Pero también el lenguaje forzado y convencional que los propios indígenas emplean para expresarse en la lengua dominante, incluidas sus variantes indigenistas, progresistas o revolucionarias.» (Le Bot;8)

Ese fragmento explica el cambio que tuvo que hacer el subcomandanete a fin de realmente ver y ser visto por las personas con quienes pretendía involucrarse, los indígenas. Es extraño cómo la organización de un Ejército con los principios que tiene el EZLN, nos remiten tanto a la creación de una obra de arte vigente:

«El momento decisivo en la génesis del zapatismo es aquel en que los guerrilleros descubren que su discurso revolucionario, universalista, no les dice nada a los indígenas, no despierta en ellos ningún eco, puesto que usurpa su aspiración universal. La conversión que los guerrilleros operan entonces en sí mismos al escuchar al Otro es el indicio de una recomposición del pensamiento y la acción colectivos en la perspectiva de una política del reconocimiento.» (Le Bot;10)

Estoy hablando de esto porque lo que pretendo aquí es hablar de la importancia que tiene asumirse comprometido, entregarse, comunicarse realmente con los demás en el contexto en el que nos hallemos envueltos. En aquel caso se trataba de un ejército en medio de la selva. En este caso se trata de algo quizás más vano, una banda de punk… Pero visto con ojos similares, nos hace entender el por qué de la capacidad de transformación que hay dentro de la hechura del propio mensaje. Porque implica buscar una comprensión, un punto común que sea relevante, útil para todos los participantes, que comparta y provoque vida.

En el contexto de Las izquierdas, conforme fue avanzando el tiempo y nuestra banda se fue haciendo realidad, la comprensión del Otro se convirtió en pieza clave de nuestro devenir. En Gabo había una especial disposición a aprender, por ejemplo, el Pole Dance de mí,  empujándonos a ejercitarnos juntos, poniendo el cuerpo como la garantía de que estábamos presentes e implicados.

«Así pues, la inversión de la filosofía nietzscheana significa sobre todo pensar el espíritu como traducción del cuerpo, por lo que aquel aparece como algo derivado y secundario con relación al cuerpo; el lugar por donde debe empezar la actividad del hombre es el «cuerpo, el ademán, la dieta, la fisiología, el resto es consecuencia de ello…».

Me parece curioso que Las izquierdas fueran siempre entendidas como una banda altamente corporal, y que gran parte de la interacción con el público se diera directamente por el cuerpo, por medio del tubo:

«Gabo : Hay una barrera muy rara entre quien está tocando y el público, y al poner el tubo en medio, vinculamos esas dos cosas. Se rompe esa barrera, porque en otras tocadas es como ir a ver a los toros o algo. Vas a tocadas para escuchar música, pero si le das ese elemento de tubo pues es un incentivo para ponerte loco» (Joey Muñoz, para Noisey)

Entonces, podríamos ver el tubo como un puente que ayudaba a implicarnos totalmente con el momento del show. Aquí una transcripción que hizo Orlando Canseco sobre un toquín, para darnos una idea del tipo de relación que se daba con el público y Las izquierdas:

«Se pueden encuerar – dice Gabo – ese wey está encuerado, María está encuerada… bueno… Yo voy a estar encuerado»… Y, efectivamente, es la hora en que Gabo se desnuda completamente. «La gente pide Gabo». Dice Panzón Anónimo; «Pues todos hablan de Gabo. Me hubiera gustado tener una tanga como tú – dice Gabo a Panzón Anónimo – se me olvidó en mi casa». Gabo desnudo comienza su acto de pole dance con la rola «El hombre de las calles» que se lleva los gritos de la noche.» (Orlando Canseco, para Música Híbrida)

Marina Garcés nos recalca:

«hay que dejarse afectar para poder entrar en escena. Hay que abandonar las seguridades de una mirada frontal para entrar en un combate en el que no vemos todos los frentes. Este combate no se decide a voluntad propia ni, como decíamos antes, según el propio interés. Es a la vez una decisión y un descubrimiento: implicarse es descubrirse implicado.» (Garcés:2011)

Y hablando de la voluntad, tanto Gabo como yo, nos permitimos arriesgarnos a lo que Andrés nos mostró sobre la disolución del ego, por ejemplo entregándonos los tres, a modo de ritual, al designio de aquel oráculo chino, el I ching, que curiosamente nos arrojó, entre otras cosas, este fragmento:

«Uno se esfuerza por avanzar en compañía con otras personas cuyo acuerdo nos alienta. No habrá motivo para remordimientos por el hecho de que uno no tiene bastante autonomía como para triunfar solo contra todo destino adverso» (I Ching)

Ese fragmentito condensa muy bien la esencia del trabajo de los tres: las cosas que unos hacían (llámese mltidisciplina, música, pintura, diseño, baile o llámese ideología) apoyaban y complementaban el trabajo de los tres, logrando una unidad que en soledad no habríamos podido hallar. Los tres lo sabíamos y estábamos contentos con que así fuera. Aquel lenguaje metafórico del I Ching nos ayudó mucho a tomar decisiones complicadas con respecto a nuestro rumbo. Ya no era importante nuestra actividad de la banda fuera de la ética con la que nos estábamos guiando.

Colocaré un largo fragmento que no pude acortar, por encontrar verdaderamente importante toda la explicación de Marina Garcés: 

«Desapropiar la cultura no significa ponerla fuera del sistema económico ni mucho menos defender una idea purista de cultura, un idealismo opuesto a cualquier tipo de materialidad. Todo lo contrario: desapropiar la cultura significa arrancarla de sus «lugares propios», que la aíslan, la codifican y la despolitizan, para implicarla de lleno en la realidad en la que está inscrita. Por un lado, se trata de desapropiarla del sistema de marcas que la patentan…Por otro lado, se trata también de arrancarla de una determinada distribución de disciplinas (música, teatro, literatura, educación, etc), roles (creador, productor, crítico, espectador, etc.), relaciones (autor, propietario, consumidor, etc) y lugares (escena, aula, librería, etc) que dibujan el mapa de que reconocemos como ámbito de lo cultural y que nos permiten ubicarnos en él, No basta con fusionar, con mezclar disciplinas, con intercambiar roles. Ni siquiera basta con activar al espectador-consumidor-ciudadano o con proponer nuevas definiciones del trabajador cualificado como la «clase creativa». 

Desapropiar la cultura es devolver a la idea de creación su verdadera fuerza. Crear no es producir. Es ir más allá de lo que somos, de lo que sabemos, de lo que vemos. Crear es exponerse. Crear es abrir los posibles. En este sentido, la creación depende lo una confianza en lo común. No es necesariamente colectiva y muchas veces depende de riesgos asumidos en solitario Pero toda creación apela a un nosotros aún no disponible y la vez existente.» (Garcés:Abrir los posibles)

Le pregunté ahora, a posteriori, a Gabo cuáles habían sido los motivos por los que aceptó estar en Las izquierdas: Había salido de una larga relación de 5 años con su banda anterior, Los Negretes. Las izquierdas le llegaron dos años más tarde, después de andar tocando y no tocando intermitentemente con proyectos en los que no se hallaba por completo. Nos encontró a mí y a Andrés. Gabo dice que se le hizo natural. Que eso es lo que formó a Las izquierdas, el hecho de que fuera natural:

«Aún hoy asociamos la idea de compromiso político con el acto de voluntad de un intelectual, un artista o un militante a favor de una causa o de una idea. El compromiso sería así el acto soberano de una conciencia clara que tiene la capacidad de vincularse  por decisión propia, a una realidad que le es exterior. Pero en realidad, en ese acto de voluntad el intelectual, artista o militante refuerza la distancia de su nombre, la inmunidad de su conciencia y su lejanía respecto al mundo. Nada más lejos del verdadero compromiso.

El compromiso es la disposición a dejarse comprometer, a ser puestos en un compromiso por un problema o imprevisto que nos asalta y nos interpela . El compromiso, así, es a la vez activo y pasivo, decidido y receptivo, libre y coaccionado. No se resuelve en una declaración de intenciones sino que pone en marcha un proceso difícil de asumir. El compromiso, cuando nos asalta, rompe las barreras de nuestra intimidad, nuestra libertad clientelar de entrar y salir, de estar o no estar, de tomar o dejar tanto cosas, como personas, como situaciones. Así, nos arranca de lo que somos o de lo que creíamos ser. Nos incorpora a un espacio que no controlamos del todo. Cuando nos vemos comprometidos, ya no somos una conciencia soberana ni una voluntad autosuficiente. Nos encontramos implicados en una situación que nos excede y nos exige, finalmente, que tomemos una posición. Tomar una posición no es sólo tomar partido (a favor o en contra) ni emitir un juicio (me gusta, no me gusta). Es tener que inventar una respuesta que no tenemos y que, sea cuál sea, no nos dejará iguales. Todo compromiso es una transformación necesaria de la que no tenemos el resultado final garantizado.» (Garcés:Un mundo común)